Un 27 para la historia

El 27 de febrero de 1844 marcó el inicio de una nueva etapa para los habitantes de la parte oriental de la isla de Santo Domingo, isla enclavada en el corazón del Caribe. Esta noche gloriosa, en la que un puñado de aguerridos de hombres y mujeres ardiendo en amor patrio, enarbolaron nuestra enseña tricolor y con un estruendoso trabucazo despertaron la conciencia nacional.

Después de 22 años de ocupación extranjera que anulaba bajo las sombras a un pueblo que clamaba en silencio por existir, era hora de que naciera una nueva identidad, que se integraría al concierto de las naciones libres e independientes de la Tierra con el nombre de República Dominicana. Aunque la tan anhelada libertad no llegaría enseguida, pues debió ser refrendada con el fluido de las venas de los patriotas, en las subsiguientes batallas que se combatirían con virilidad hasta separar en dos naciones una única isla.    

Cada 27 de febrero, nuestro país se viste de coloridos carnavales que  nos recuerdan que somos un pueblo valiente, fuerte, unido, solidario… capaz de asumir y enfrentar las adversidades de la propia historia con gallardía, proclamando nuestra esencia alegre y hospitalaria que nos hace un pueblo cálido, una calidez que no solo viene dada por nuestra privilegiada situación geográfica que nos coloca “en el mismo trayecto del sol” sino por nuestra capacidad ancestral de acoger como hermanos a los que quieren acercarse a nuestra patria y disfrutar con nosotros las incalculables riquezas naturales, históricas y sobre todo humanas con que cuenta esta tierra privilegiada.

¡Qué viva la Republica Dominicana!

Lic. Paúl Rodríguez. MA (Autor)

Share.

About Author

Avatar

Leave A Reply